La hoja de ruta es la lista de clientes que visitás en una jornada, en el orden en que los visitás. Parece algo simple, pero una hoja mal armada se paga todos los días: más kilómetros, más combustible, más horas en la calle y clientes que esperan a una hora distinta cada semana.
1. Un día, una zona
Marcá a tus clientes en un mapa (sirve uno impreso o el del celular) y dividí la ciudad en tantas zonas como días repartís. Cada zona tiene que entrar en una jornada con margen: si un día se te hace largo siempre, esa zona es muy grande. Cuando la zona queda armada, cada cliente tiene su día fijo, y eso es lo que vas a cumplir.
2. Ordená la visita como un recorrido, no como una lista
Dentro de cada día, poné a los clientes en el orden en que los vas a recorrer: arrancando cerca del depósito y volviendo sin pasar dos veces por la misma calle. Evitá doblar a la izquierda en avenidas cargadas y dejá para el final a los clientes que pueden recibirte más tarde, como los que trabajan todo el día.
Si en un día repartís en dos barrios que no se tocan, separalos en dos tramos: primero uno completo y después el otro. En Nexo Repartos eso se arma con sub-rutas dentro del mismo día, cada una con su propio orden.
3. Qué anotar de cada cliente
La hoja no es solo nombre y dirección. Lo que te ahorra tiempo en la puerta es saber de antemano:
- Qué lleva habitualmente (así cargás el camión justo).
- Cuánto debe, para cobrarle sin tener que buscar en la libreta.
- Cuántos envases tiene tuyos, para pedirle los vacíos.
- Notas de la casa: timbre que no anda, perro, dejar en la portería.
4. Los ausentes, en el momento
Siempre hay clientes que no están. Anotalos apenas pasás, no a la noche de memoria. Si al terminar la ruta te queda alguno cerca, podés volver a pasar; si no, mandale un mensaje para que sepa que estuviste y acordar para la próxima. Un ausente que no se anota es una venta perdida y un cliente que cree que no pasaste.
5. Revisá la ruta cada tanto
Los clientes entran y se van, y una ruta que funcionaba hace un año hoy puede dar vueltas de más. Una vez por mes, mirá el mapa del día con los clientes atendidos y los ausentes: si ves saltos de un lado a otro, reordená. A los clientes nuevos ubicalos en el día en que ya pasás por su zona.
Papel, planilla o celular
La hoja de papel sirve mientras la ruta no cambia y nadie más la necesita. Cuando hay deuda que anotar, envases que controlar o un repartidor que no sos vos, conviene tenerla en el celular: el orden se cambia en un toque, la deuda de cada cliente está al día y lo que se vende en la calle llega solo a tu cuenta, incluso donde no hay señal.